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Exaltan la pobreza y viven rodeados de privilegios… / Por José Hermilo Amezcua Domínguez

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Una de tantas contradicciones que exhiben algunos funcionarios del actual gobierno de la Cuarta Transformación es la de predicar con la pobreza franciscana y vivir en la opulencia desmedida.

En México, con la izquierda en el poder, se supondría que la brecha entre ricos y pobres no sería tan abismal. Histórica y aparentemente, los partidos de esa ala política han intentado combatir las desigualdades sociales, aunque a veces queden mucho a deber.

Los discursos sobre la escasez y la equidad son el pan de cada día. Se rasgan las vestiduras ofreciendo esperanza a los miles de ciudadanos que confían y creen en ellos; sin embargo, todo queda en promesas vacías.

En este contexto, resulta absurdo escuchar expresiones empáticas hacia los que menos tienen por parte de funcionarios que disfrutan de una gran calidad de vida y que gozan de salarios muy jugosos que los colocan en una posición de ventaja.

Y esto no es una manifestación en contra de los sueldos. Pertenecer a la alta jerarquía gubernamental siempre ha sido una prerrogativa, ya sean panistas, priistas y, ahora, morenistas.

Lo que no se entiende es la doble moral de muchos políticos del actual régimen al hablarle de “tú” a la necesidad cuando viven en la abundancia, siendo portadores de una izquierda que, teóricamente, no contempla militantes millonarios.

Esa ya es una práctica muy habitual de los políticos del régimen actual. Nombres y apellidos hay muchos; usted póngale el que guste.

De acuerdo con el portal de Nómina Transparente, el promedio general de los integrantes de la élite gubernamental ronda entre los 130 y 150 mil pesos mensuales, mientras que el salario mínimo es de 9 mil 400 pesos. Una pequeña gran diferencia.

Además, esta clase gobernante concentra poder, altos ingresos, prestaciones, influencia política, capacidad de decisión y, en algunos casos —no comprobados, pero que son el secreto a voces de las élites—, las comisiones por favores recibidos.

Con ese perfil económico, y desde la comodidad que significa pertenecer al grupo en el poder, los protagonistas construyen discursos de empatía, de igualdad y de cercanía.

Así, la hipocresía de ciertos personajes es evidente porque exaltan la pobreza y hablan a nombre de ella, mientras viven rodeados de innumerables comodidades.

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