Entreguerras es una serie de ensayos que observa los procesos de redistribución del poder que ocurren mientras la atención pública está concentrada en los conflictos armados. Entreguerras nace de la observación de los fenómenos que se suceden entre los dos enfrentamientos bélicos que hoy concentran buena parte de la atención internacional. Por un lado, de la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán; por el otro, la guerra entre la OTAN, la Unión Europea y Ucrania frente a Rusia.

El espíritu que guía este trabajo es observar la diversidad de cambios económicos, energéticos, tecnológicos, financieros y geopolíticos que comienzan a surgir alrededor de ambos conflictos y que, desde mi perspectiva, merecen ser examinados con mayor atención, debido a que la presencia de nuevos factores y la manera en que se potencian o neutralizan entre sí, parece capaz de desplazar los centros de gravedad que hasta hace poco regían un modelo geopolítico de decisiones más o menos conocido.

  1. La diversificación del poder

Literalmente todo comenzó con una pregunta sobre Japón. El punto de partida fueron dos noticias aparentemente inconexas.

La primera fue la declaración del ministro japonés de Economía, Comercio e Industria, Yoji Muto, quien señaló que, si el suministro estable de petróleo a través del estrecho de Ormuz se veía comprometido, Japón actuaría en coordinación con la Agencia Internacional de Energía y consideraría el uso de sus reservas estratégicas de petróleo si fuera necesario (Ministerio de Economía, Comercio e Industria de Japón, conferencia de prensa del 24 de junio de 2025).

https://www.meti.go.jp/english/speeches/press_conferences/2025/0624001.html

La segunda fue una noticia encontrada semanas después: un buque cargado con un millón de barriles de petróleo crudo mexicano navegaba ya con destino a Japón y arribaría días después a las refinerías de  Chiba y Yokkaichi (Reuters, citada por Crónica, 15 de julio de 2026). https://www.cronica.com.mx/negocios/2026/07/15/el-viernes-llega-a-japon-carguero-con-un-millon-de-barriles-de-crudo-mexicano

La relación entre ambas noticias parecía evidente: ante el riesgo de una interrupción de los flujos en el estrecho de Ormuz, Japón estaba incorporando un nuevo proveedor de petróleo. ¿existiría acaso algún acuerdo de suministro de largo plazo entre ambos países?

A partir de ese momento comenzaron a aparecer nuevos elementos que llamaron mi atención. El primero fue la logística del envío. El buque había partido de la terminal marítima de Pajaritos, en el Golfo de México, en lugar de hacerlo desde algún puerto del Pacífico, una salida que, al menos en apariencia, habría parecido más natural para abastecer a un cliente del este asiático.

También llamó mi atención a la ruta elegida. En lugar de cruzar el Pacífico desde la costa occidental de México, el puerto de Salina Cruz se antoja como ideal; sin embargo, el cargamento debía atravesar el Golfo de México, cruzar el Atlántico, pasar por el Cabo de Buena Esperanza y continuar hasta Japón. Si esa era la ruta elegida para un envío de prueba, valía la pena preguntarse por qué.

Ese detalle, aparentemente menor, me ayudó a descubrir que lo que yo interpreté como una anomalía técnica, en realidad, no lo era: Japón no estaba recibiendo simplemente crudo mexicano tradicional, sino una mezcla Istmo —el crudo de exportación más ligero y valioso de México, con especificaciones técnicas más próximas a los crudos médium/heavy sour del Golfo Pérsico. Y reveló que esa mezcla permitía incorporar a las refinerías japonesas, con relativa facilidad, el petróleo de esta región, por ejemplo, mexicano y venezolano.

https://mexicobusiness.news/oilandgas/news/mexico-ships-1mmb-isthmus-crude-japan?utm_source=chatgpt.com

Esta información abría otras posibilidades: Venezuela ofrecía crudos incluso más baratos. La pregunta, por tanto, ya no era solamente cómo había llegado petróleo mexicano a Yokkaichi y Chiba, sino por qué Japón había escogido precisamente esa opción, existiendo sobre la mesa una posibilidad aún más rentable. Entonces aparecieron varias posibilidades.

¿Por qué petróleo mexicano y no venezolano?

¿Pesó el control estadounidense sobre el petróleo venezolano?

¿Qué pesó más, la confianza comercial o el riesgo país?

¿Qué peso tuvo la infraestructura de Pemex como proveedor internacional?

Estas respuestas no aparecerían investigando un cargamento aislado, así que comencé a revisar cómo se había modificado la cartera japonesa de proveedores de hidrocarburos a partir del conflicto en el Golfo Pérsico.

Este cambio de foco me permitió deducir que, en efecto, Japón estaba rediseñando su cartera de proveedores para reducir su dependencia del petróleo procedente del Golfo Pérsico.

https://www.meti.go.jp/statistics/tyo/sekiyuso/result/pdf/h2j581011e.pdf

https://www.trade.gov/market-intelligence/japan-crude-oil

https://www.reuters.com/commentary/reuters-open-interest/south-americas-stealthy-ascent-key-crude-oil-swing-supplier-2026-06-03

El millón de barriles enviado por México dejaba entonces de parecer una operación aislada; conservaba, sin embargo, un carácter peculiar, porque formaba parte de un rediseño todavía en movimiento.

Por otro lado, la inmediatez de los acontecimientos impide saber si ese mecanismo de la nueva cartera de proveedores es ya definitivo o si sigue en fase de prueba, ajuste y selección. Eso explica también, al menos parcialmente, por qué Pemex podía enviar un millón de barriles de una mezcla especial de Istmo, sin que existiera todavía un contrato marco de largo plazo.

Pero empezó a latir algo diferente: además de la nueva cartera de proveedores de hidrocarburos en sí, comenzó a llamarme la atención que fuera Japón —una de las mayores economías del mundo y una potencia altamente industrializada— quien apareciera una y otra vez en estas secuencias de acontecimientos “anómalos” que venía registrando.

Esa reiteración me llevó a recordar otro movimiento japonés que, aunque ocurrido en un ámbito distinto, también me había producido una sensación de extrañeza: la venta de bonos del Tesoro estadounidense.

La reducción de las tenencias japonesas de bonos del Tesoro estadounidense adquiere otra dimensión cuando se observa junto a movimientos similares. Aunque Japón continúa siendo el principal tenedor extranjero de deuda pública de Estados Unidos, sus posiciones disminuyeron de aproximadamente 1.325 billones de dólares a finales de 2021 a cerca de 1.143 billones en mayo de 2026.

China, segundo gran tenedor durante décadas, redujo sus reservas desde poco más de 1.03 billones de dólares a alrededor de 659 mil millones en el mismo periodo.

Que los dos mayores acreedores extranjeros hayan reducido de manera sostenida su exposición, obliga a leer de otra manera la evolución reciente del mercado de deuda estadounidense.

Al mismo tiempo, la composición de compradores también comenzó a transformarse. Parte del espacio que antes ocupaban los grandes bancos centrales y los fondos soberanos fue absorbido por intermediarios financieros, bancos de inversión y fondos privados.

A diferencia de los primeros, estos participantes permanecen en el mercado principalmente mientras las condiciones financieras les resultan favorables; reaccionan con mayor rapidez a los cambios en las tasas de interés, a las expectativas de rentabilidad y a las oportunidades que ofrece el propio mercado.

No resulta casual que, durante ese mismo periodo, algunas emisiones del Tesoro estadounidense hayan tenido que ofrecer rendimientos superiores a los previstos para atraer suficientes compradores.

Ese cambio sugiere que la demanda ya no descansa sobre la misma clase de inversionistas que había sostenido ese mercado durante décadas.

Vista junto a los demás movimientos descritos hasta aquí, esta transformación deja de parecer un ajuste aislado del mercado de deuda estadounidense. Comienza, en cambio, a perfilarse como parte de un reordenamiento financiero más amplio, en el que distintos actores parecen estar modificando gradualmente la forma en que distribuyen sus activos estratégicos.

Entonces, si Japón aparecía una y otra vez como pionero de movimientos que, observados en conjunto, parecían apuntar a una reconfiguración de sus dependencias estratégicas, la pregunta siguiente era inevitable:

¿Qué otros países estaban haciendo algo parecido?

Con Japón había sido posible reconstruir buena parte de esa historia gracias a la información pública disponible. En la mayoría de los demás países, ese nivel de detalle simplemente no existía.

Con una diferencia considerable respecto del resto, Estados Unidos encabezaba la lista. Detrás aparecían Canadá, Nigeria, Brasil, Guyana y Venezuela, mientras otros productores comenzaban a ganar participación en mercados tradicionalmente abastecidos desde el Golfo Pérsico.

https://www.reuters.com/commentary/reuters-open-interest/south-americas-stealthy-ascent-key-crude-oil-swing-supplier-2026-06-03

https://www.eia.gov/todayinenergy

Eso hacía todavía más interesante el caso mexicano. Pasó de ser un caso peculiar, casi anecdótico, a uno de contraste: México no figuraba entre los grandes beneficiarios de este reordenamiento. Sin embargo, conocemos con precisión un movimiento concreto: el embarque de un millón de barriles hacia Japón. Que una operación de esa magnitud no apareciera como un dato relevante dentro del patrón recién descubierto ofrecía, por contraste, una primera dimensión de su verdadera escala, aunque todavía no podemos cuantificarla.

La atención dejó entonces de concentrarse en Japón para dirigirse al conjunto del mercado internacional.

Al ampliar todavía un poco más el campo de observación comenzaron a aparecer nuevos proveedores. Además de Nigeria y otros productores africanos, también empezaban a ganar presencia países de la cuenca del mar Caspio, como Kazajistán y Azerbaiyán, que empezaban a ocupar espacios tradicionalmente abastecidos desde el Golfo Pérsico.

https://www.reuters.com/world/africa

El cargo Entreguerras (1ra parte) / Por Lucía Deblock apareció primero en Reporte 32 MX, El medio digital de México.