
En política, no siempre gana quien tiene el mejor proyecto. A veces pierde quien, teniendo una oportunidad para ganar, comete el error de ayudar a su adversario a contar la historia que más le conviene.
El domingo 25 de octubre Luiz Inácio Lula da Silva consiguió la reelección frente a Flávio Bolsonaro, pese a que en la primera vuelta del 4 de octubre Bolsonaro obtuvo el 47.03% de los votos válidos, frente al 45.16% de Lula. Además, de las 17 encuestadoras que publicaron resultados para la segunda vuelta, 16 colocaban a Flávio por delante.
Más allá de las encuestas, una simulación basada en errores históricos estimaba en 70% las probabilidades de victoria de Bolsonaro, mientras que la plataforma de apuestas Polymarket llegó a asignarle alrededor de 77% de las posibilidades de ganar.

En ese contexto ocurrió el episodio que da título a esta columna. Durante el debate televisivo del viernes previo a la elección, Flávio recurrió a una frase que seguramente en su momento creyó que sería irónica y memorable “El presidente da con una mano y quita con sus nueve dedos”.
La expresión pretendía desacreditar a Lula denunciando que mientras el presidente ofrecía ayudas y apoyos sociales con una mano, robaba con la otra, pero aludiendo a los nueve dedos de Lula, quien perdió el meñique de la mano izquierda en un accidente laboral cuando tenía 17 años. Flávio terminó disculpándose por el comentario, pero probablemente para entonces el daño ya estaba hecho.
El mensaje generó una interpretación distinta en amplios sectores, la de un candidato de derecha conservadora que se burlaba de una lesión sufrida por un trabajador. Y esa lectura pudo ser especialmente perjudicial frente a un presidente que ha construido buena parte de su identidad política alrededor de sus orígenes obreros.

En una campaña electoral, una frase no llega aislada. Se conecta con las imágenes, las emociones y las ideas que los votantes ya tienen sobre cada candidato. Para algunos, el comentario pudo ser una ocurrencia desafortunada; para otros, una muestra de insensibilidad. Lula tenía la posibilidad de convertir el ataque en una historia sobre el trabajo, el esfuerzo y la dignidad de quienes, como él, han sufrido las consecuencias de un accidente laboral.
El error de comunicación fue por decir lo menos infantil, en lugar de mantener la discusión en el terreno de la economía y las políticas públicas ´donde claramente tenía ventaja, le ofreció a su adversario la oportunidad de llevarla al terreno de la identidad y la empatía.
Si bien es cierto que no hay evidencia suficiente para afirmar que ese comentario le pudo costar la presidencia, si se puede afirmar que hacerlo durante un debate nacional, en una contienda tan cerrada, fue un error estratégico de enorme relevancia. Los mensajes políticos no solo transmiten argumentos, también refuerzan percepciones, activan emociones y pueden desplazar la conversación hacia un terreno desfavorable.

La lección va más allá de Brasil. Los discursos duros pueden movilizar a los simpatizantes más convencidos, pero también pueden generar temor o rechazo entre quienes todavía no han decidido su voto. Esto es particularmente delicado cuando un candidato defiende posiciones asociadas con la militarización, el orden impuesto desde arriba o una derecha radicalizada: cualquier señal de desprecio o insensibilidad puede reforzar los temores que ya existen alrededor de su proyecto político.
En comunicación política, no basta con preguntarse qué se quiere decir. También hay que anticipar cómo puede interpretarse el mensaje, qué asociaciones puede activar y qué historia le permitirá construir al adversario.
Alrededor de las 11 de la noche de este domingo 25 de octubre mientras escribo esta columna existen numerosos señalamientos que ponen en duda la legitimidad del resultado electoral y sugieren un posible fraude, incluso algunos juristas advierten que las elecciones podrían ser anuladas. Por ahora, no es posible afirmar si esas acusaciones podrán comprobarse. Pero, independientemente de que eventualmente se logren acreditar las pruebas o no, el episodio de los nueve dedos tiene todos los elementos para convertirse en un caso de estudio de comunicación y marketing político que pudo costar una elección.

Porque el verdadero error no siempre está en lo que un candidato dice. A veces está en no entender la historia que sus palabras pueden ayudar a contar.
PD Durante años, Morena sostuvo que el INE de Lorenzo Córdova era un nido de corrupción y que había que removerlo para limpiar la institución, finalmente lo removieron y pusieron en su lugar a Guadalupe Taddei, una funcionaria fuertemente vinculada con Morena. Hoy, dos años y medio después, no existe ningún cargo judicial contra Córdova, mientras Taddei anunció su renuncia en medio de evidencias, escándalos y señalamientos de corrupción. Pocas escenas podrían retratan mejor la realidad e ineptitud de la clase política gobernante en nuestro país.


El cargo Los nueve dedos: cuando el ataque fortalece al adversario / Por Jorge García apareció primero en Reporte 32 MX, El medio digital de México.

